domingo, 29 de abril de 2007

Troyes

La ciudad fría

En la ciudad fría las gentes huían de las calles y las iglesis enegrecían sus soportales; allí los coches eran fantasmas y las casas de colores no tenían pintura sino el maquillaje trasnochado del cansancio y de la fatiga.

En el día de mercado todas las almas de la ciudad se centraban en la plaza. Las manzanas y las naranjas y los plátanos y los ahuacates verdes rasposos y la ropa encogida y los relojes chatos y la lluvia y el día que se escondía bajo el agua, todo gris y diciendo "mira, mira el invierno"

Una sirena. La habitación del hotel estaba llena de espacio y de tedio. Seguía lloviendo.

En la ciudad fría el agua caía como una rutina húmeda siempre inacabada.
El hombre que alimentaba a su zapato

En un gastado Mac Donald de carretera, en las afueras del pueblo, todos los jóvenes se reúnen. Hay que haber abandonado la juventud para apreciar toda la fuerte y ridícula vanidad de los adolescentes. Todos los que por allí pasamos olvidamos rápido los tiempos dedicados a la reflexión sobre nuestros cuerpos, nuestros gestos y, en definitiva, sobre nuestra apariencia. La vida se vive entonces como una gran pieza de teatro en la que hay que batirse para conservar el estrellato o, al menos, para no caer en papeles de los que parece que no hay salida.

En este Mac Donalds anochecía en un marzo de tiempo variable, pues, según la hora, el día se tornaba ora en lluvioso, ora en soleado. Eran las siete de la tarde. El viajero fatigado por la jornada entró allí buscando comida rápida y familiar.

Aún no se había del todo saciado cuando los vio. Eran tres jóvenes sentados en una mesa; sobre ella reposaban desordenados los restos de su cena. En ese momento hablaban despreocupadamente. Nadie les prestaba especial atención, todos los otros jóvenes los conocían y, por ello, los ignoraban. Si acaso, era la mugre del viajero lo que más podía entre todo resaltar ... en aquel día de marzo cuando el sol ya se ponía.

El viajero no daba crédito a sus ojos. Uno de los jóvenes, de brillante negra piel y con dorados pendientes deslumbrando en sus orejas,habia, el tobillo de una descansaba sobre la rodilla de la otra. Con los restos de la cena, aquel joven nutría a la suela de su zapato con los restos de la comida: con patatas y ketchup; y con las migas y los trozos del blando pan de la hamburguesa.

No había engaño posible. Su mano agarraba los restos de la cena y se los alcanzaba a la suela de su zapato, quien a su vez los mordía fiera y estúpidamente. Los hacía desaparecer.

Nadie prestaba atención; menos que ninguno el portador del zapato. Imposible precisar si el joven era el amo o el esclavo, tan voraz, cruel e indiferente era la negra suela.

El viajero creyó estar soñando.
Primeras etapas

No era la idea la de hacer un diario. No quiero hacer un viaje sino ir hacia tus manos, Señor. Hoy he llegado a Coulommiers, a poco menos de 100 km de parís. Estaba cansado de París. Ahora he entrado en un Mac Donalds. Son las 19 20 y anochece. Quiero ir donde tú quieras que vaya. Y estar contigo. Y ser feliz.

viernes, 9 de febrero de 2007

Y en un mes ...

Será marzo y me iré de París. A día de hoy, sólo tengo algunas ideas sobre el destino, algunas ideas y nada cierto.

La gran experiencia de Francia fue un monasterio: la abadía trapense de Sept-Fons. El hermano portero era frère Joachim. Yo quería ir al retiro con la gente de chemin-neuf , pero todos mis intentos se fueron al traste y, considerando el fracaso como Signo, escribí a frère Joachim. Tenía las coordenadas del monasterio gracias a Radek.


Viví con ellos durante cinco días, incluyéndose en ellos la celebración de mi treinta y un cumpleaños. No tenía dinero y trabajé con los monjes. Ellos sobreviven cultivando la tierra, los campos, produciendo mermeladas, mieles, avena y productos ecológicos en general. Leí allí una oración preciosa:

Ma vie s'écoule, grâce à vous, Seigneur, selon une remarquable continuité d'épreuves et d'abandons forcés, sans clairières, presque san clartés. Pourtant, par-dessous ces maux, vous avez tout de même réussi à me faire parvenir les deux ou trois biens que je m'imaginais atteindre par l'audace et le succès, et qui sont arrivés tout doucement par le silence et l'acceptation. Il faut oser dire: "tant pis" à tout abandon humain, pour pouvoir dire à toute offre divine: "je prends, je suis preneur". Ces deux ou trois grâces, qui'il me semble avoir reçues, n'en font peut-être qu'une seule? A la fois tellement peu et tellement tout; nourriture de famine, manne trop légère et, à la fois, surabondante raison de vivre et d'espérer. Si elle m'avait manqué, cette grâce, celle-là précisément, la belle, la désirée, la merveille, tous les succès imaginables ne m'auraient pas dédommagé de ce manque. Et avec tous les succès, j'aurais été, aujourd'hui, devant vous, mon Dieu, plein de regrets et presque de colère; alors qu'avec toutes ces épreuves -et avec cette grâce-là, l'irremplaçable- je suis heureux maintenant et je vous aime. Vos virages sont serrés, vos coups de frein sont durs, mais vous conduisez joliment bien!
Et vous m'avez mené, avec la plus parfaite précision, exactement à l'endroit où, dans mon ambition la plus gratuite, je désirais aller. Non pas vers des délices sensibles ni spirituelles, mais vers un amour pour vous, fondé en vérité et capable de durer.

Père M-Jérôme

De todas las cosas vividas con el Señor, sin duda en esta ocasión el velamen me lo ha orientado de una forma mucho más sutil, sin tanto ruído de sentimientos, hacia un camino que me encanta. Tal vez sea otro paso más en la vida de los hombres, otra marcha hacia la madurez, pero existe un nuevo ingrediente en la forma que tengo de entender la vida. Tú, Señor, estás ahí en cada momento. Ese siempre contigo tiene mucho dentro. Mucha enjundia.

Luego del retiro me asusté con lo somero de mi colchón económico... era una capa cada vez más fina, sin ingresos que compensaran el tren de vida parisino. Pero han ido saliendo nuevos estudiantes, nuevos ingresos, y Felipe Basabe me ha dado un par de remplazos en el Cervantes que me permiten, en este último mes, respirar tranquilo.

Vinieron Moncho y Ana. Me encantó tenerles aquí; y eso que tuvimos discusiones bobas pero, al cabo, les echo de menos. Cambiamos en la vida y en el tiempo, imagino, no paramos de cambiar porque no paramos de resoñar nuestras ambiciones.

Hace dos días mamá volvió a casa. Estuvimos en un montón de sitios, hicimos muchas cosas y lo pasamos la mar de bien. En el aeropuerto, en Charles de Gaulle, allí sí que se me anudaron los intestinos cuando la veía marcharse, tan ricamente, pequeña y dulce.

También está ahora en casa Gino, que re-comienza su vida en París. Por las tardes le echo de casa para poder estar solo y trabajar a mi aire. Me siento culpable pero éso es algo que nunca ha definido nada.

Tengo un horario que cumplir.

sábado, 23 de diciembre de 2006

Sábado 24

Ah!
Hoy estuve cogiendo frío en la calle como un pollo maltratado. ¡Menudo mes he pasado! El otro día ella me dio tremendas calabazas y ahora estoy bebiendo un vasito de vino dulce porque hace un frío ... un frío respetable. Pero eso no es todo, hoy estuve cosechando nuevos fracasos en las calles de París, enseñando dos cuadros a ver si me venían un par de duros por la venta de alguno. Entre que la cosa no parecía llegar a ninguna parte y que el frío me estaba mordiendo demasiado... fuíme, fuíme. Pero ahora he hecho una pequeña recolecta de basura por las calles de París con las que espero enmarcar los cuadros y, si no me caigo de sueño antes, esta noche trabajaré un poco para ampliar el repertorio y darle una mejor apariencia. Me cuesta entenderlo pero esto parece ser como la cocina, hay que saber presentar los platos, mal que pese, y mostrar un gran número y variedad.

Cosas que han cambiado... intenté arreglar el portátil y, tras destrozarlo, me he comprado otro. Mi economía ha sufrido un pequeño paro cardíaco. Y, pese a todas las teorías de mi hermano Jose sobre cómo el alcohol nunca puede calentar, este vasito de vino dulce hace que el vaho que a veces exhalo dentro de mi casa sea no más un adorno navideño. Además, me gusta y eso es algo que, cuando uno vive solo, tiene un valor doble de lo normal.

A lo que voy es a Alfonso y a Jacek. Se quedaron los dos en mi casa tras mi desastroso Jueves y nuestras discusiones y conversaciones y cabreos y todo eso que tuvimos nos dió unos días de los más vividillos e inolvidables. La cámara digital que hice venir desde Singapur tiene efectos de lo más curiosos. Además no tiene memoria más que para una foto porque no dispone de tarjeta gráfica y no me encuentro con ánimos de hacer otro gasto a menos que éste no sea claramente indispensable. La última palabra tiene trampa.

Y luego hace unos días se quedó en casa Eva, una amiga Checa de Radek. Le pedí que posara para un cuadro que tengo intención de hacer;
y también salí a voltearme con Radek y dos guapas y jóvenes checas, Magdalena y Marketa.

Me planteo si haré o no un retiro a final de año. He conectado con la gente de Chemin Neuf, todos de lo más simpáticos, en unas reuniones de groupe de prière en las que se canta mucho y se reza en voz alta (yo lo hice en español, porque al fin y al cabo es para dirigirse al Señor y puestos a ello el español es lo correcto).

Además terminé Le K, del que ya di noticia, y East of Eden, de J. Steinbeck, que me ha dejado absolutamente impresionado.

Voy a cambiar la música que ya acabó el disco de Nina Simone y, de paso, a rellenar el vasito.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Jueves 23

Escribo con el viejo ordenador portátil que aún va conmigo de un lado a otro. El bueno tiene la pantalla rota, así que no puedo manejarlo. En él se ven como unas sombras pero nada más. Así que luego pasaré los archivos a un disquet y de ahí al blog (finalmente recopio el texto, el nuevo ordenador no admite disquets... )

Hoy estuve llorando en casa. ¡Vaya diario! No quería llorar, me pareció medio patético llorar solo. En realidad le lloraba al Señor.

Voy a cambiar la música. La cosa tiene su mérito porque he puesto a David Oistraich y el concierto para violín de Bhrams en el ordenador sin pantalla. Afortunadamente el reproductor no tiene activado el orden aleatorio quitarlo (sin ver, a oscuras) habría sido demasiado.

Estaba cansado. Todo lo que esperaba para hoy NO ha ocurrido.

Unos amigos en casa el otro día me dejaron la pantalla del ordenador así rota. Y ayer miércoles conseguí una pantalla que me dieron en el Cervantes, una de esas antiguas que traje a peso durante un par de horas de caminata. Y no funcionaba. Llegué a casa y no encendía. Era algo cómico, aunque yo estaba tan cansado que apenas me sostenía de pie. No he comido ni dormido mucho últimamente. ¡Cansado!

Para hoy había dormido solo unas horas, luego me he duchado, me he lavado el pelo tras una semana y me he quitado la barba tras dos. He tomado un café. Y esperaba. Ya no recuerdo muy bien, pero creo que al rato me he puesto a escribir para hacer algo. Han pasado un par de horas y se cumplía aquello que mi razón quería y mi pasión temía: no llamaba. Yo seguía trabajando, así estaba entretenido. Entonces el ordenador, éste mismo, me ha preguntado si quería guardar. Le dije que no para no perder el tiempo y se ha borrado todo lo que había hecho.

He comenzado a leer un libro que me recomendó ayer Charles; me lo había prestado hacía tiempo pero, como no me acordara de quién era el que me lo había dado, nunca me había atrevido a leerlo. Pero Charles pensaba que me gustaría y tenía razón. "Le K", del italiano Dino Buzzati.

La pantalla del ordenador dejó de funcionar en medio de un pequeño traslado; dejé el martes trabajando en casa a Ania y a Carol. Ella es polaca y con ambiciones de decoradora. Carol está enamorado de ella y se vino a comer. Ania está experimentando con mi casa, que luego yo quiero enseñar a mis padres y a los amigos para ver si se animan a encargarle proyectos a Ania.

Cambiaron de sitio el ordenador, descolocaron los cables y... dejó de funcionar la pantalla. Pero la casa está quedando preciosa, es un gran cambio. Creo que Carol -filósofo en todas sus acepciones- es un poco gafe para estas cosas.

Con Carol estuve hoy. Me había llamado esta mañana cuando yo estaba limándome los nervios en una cafetería de la Gare du Nord. Lo despaché rápido y luego en casa lo llamé. Notó que yo no andaba muy alegre y me propuso un pase por Ópera, de donde vengo ahora.

Después de llamarle tenía que cocinar algo pero no me sentía muy animado a nada y me puse a llorarle al Señor. Porque me cuesta fiarme de su plan; de hecho, cuando todas las vistas son negras, el Señor parece un invento de locos. ¿Pero ésto qué es? Uno parece al cabo de un camino en el que todo son fracasos. Todas las posibilidades que uno contempla -y parece imposible que haya nada más- parecen o negras o inciertas o estresantes. Por fortuna uno no ve todo en esta vida, pero cuesta dejar al propio destino tan alegremente en manos de otro.

El otro día en la excursión estaba perdidísimo. Era noche cerrada y no se veía nada. Le había pedido a mi Ángel Custodio que me echara un cable y, al final, viéndome tan perdido, me encaré contra él: ¿pero vas a hacer tu trabajo?. Menos mal que me tienes paciencia. A la mañana siguiente, a poco de ponerme a andar, descubrí que estaba justo donde quería estar, en el Monte de San Patricio. Y ya te dije que nunca más te pongo en duda.

En mis llantos tenía ganas de esas palmaditas en la espalda: ¡ale, chaval!. He escrito una carta a la Virgen, creo que fue esta mañana también, que voy transcribir aquí:

A la Santísima Virgen,


Y nos parece que nunca estuviste cansada. No es verdad. Te cansaste, te hartaste; no desesperaste pero lloraste, lloraste a Dios, a San José, llorabas ante San Juan. ¿De quién aprendió Jesús a llorar?


En Belén no encontrabas sitio y tu corazón lloraba y esperaba en Dios; no con una sonrisa fácil sino con la violencia de la vida en la tierra, oscura.



Las lágrimas del sufrimiento, de tu corazón de madre preocupada, dieron las luces de tu amor, de tu sentido. Llorando desconsolado alcanza uno el sentido de la alegría.

Acabarías, tantas veces, exhausta. Tu corazón valiente se refugiaba en Dios; tu corazón humano vivía entre y para los hombres.


Madre.


Me da bastante vergüenza escribir esto, pero no puedo presumir de lo que no tengo: estoy perdido. No hay moraleja. Dentro de un rato vendrá alfonso.

martes, 21 de noviembre de 2006

El Drama

Intento no aferrarme al drama, dejarlo de lado. Y el tiempo me pesa. No miro el reloj pero tengo en la cabeza las horas, el tiempo... el tiempo se arrastra poco a poco, como un crescendo y una ola que fuera poco a poco aumentando de tamaño. El cuerpo se tensa, mueve, tiembla.


Focalizar energías. Estuve en el Cervantes esta mañana; debo dar la imagen de un café viviente. Me vuelco en la palabra, en el diálogo; creo que para descargarme en el trato social, en el reflejo de sus rostros y vivir un poco otras vidas distintas de la mía.
Y no pasará nada y sí pasará. Quisiera estar al margen de la incertidumbre. Le he dado a Otro los dados para jugar esta partida pero estoy todo el rato espiando para ver cómo es que los va a tirar. ¿Cómo, cómo, cómo?
El drama es un monstruo, una bestia que se agita en mí.
Basta.