sábado, 23 de diciembre de 2006

Sábado 24

Ah!
Hoy estuve cogiendo frío en la calle como un pollo maltratado. ¡Menudo mes he pasado! El otro día ella me dio tremendas calabazas y ahora estoy bebiendo un vasito de vino dulce porque hace un frío ... un frío respetable. Pero eso no es todo, hoy estuve cosechando nuevos fracasos en las calles de París, enseñando dos cuadros a ver si me venían un par de duros por la venta de alguno. Entre que la cosa no parecía llegar a ninguna parte y que el frío me estaba mordiendo demasiado... fuíme, fuíme. Pero ahora he hecho una pequeña recolecta de basura por las calles de París con las que espero enmarcar los cuadros y, si no me caigo de sueño antes, esta noche trabajaré un poco para ampliar el repertorio y darle una mejor apariencia. Me cuesta entenderlo pero esto parece ser como la cocina, hay que saber presentar los platos, mal que pese, y mostrar un gran número y variedad.

Cosas que han cambiado... intenté arreglar el portátil y, tras destrozarlo, me he comprado otro. Mi economía ha sufrido un pequeño paro cardíaco. Y, pese a todas las teorías de mi hermano Jose sobre cómo el alcohol nunca puede calentar, este vasito de vino dulce hace que el vaho que a veces exhalo dentro de mi casa sea no más un adorno navideño. Además, me gusta y eso es algo que, cuando uno vive solo, tiene un valor doble de lo normal.

A lo que voy es a Alfonso y a Jacek. Se quedaron los dos en mi casa tras mi desastroso Jueves y nuestras discusiones y conversaciones y cabreos y todo eso que tuvimos nos dió unos días de los más vividillos e inolvidables. La cámara digital que hice venir desde Singapur tiene efectos de lo más curiosos. Además no tiene memoria más que para una foto porque no dispone de tarjeta gráfica y no me encuentro con ánimos de hacer otro gasto a menos que éste no sea claramente indispensable. La última palabra tiene trampa.

Y luego hace unos días se quedó en casa Eva, una amiga Checa de Radek. Le pedí que posara para un cuadro que tengo intención de hacer;
y también salí a voltearme con Radek y dos guapas y jóvenes checas, Magdalena y Marketa.

Me planteo si haré o no un retiro a final de año. He conectado con la gente de Chemin Neuf, todos de lo más simpáticos, en unas reuniones de groupe de prière en las que se canta mucho y se reza en voz alta (yo lo hice en español, porque al fin y al cabo es para dirigirse al Señor y puestos a ello el español es lo correcto).

Además terminé Le K, del que ya di noticia, y East of Eden, de J. Steinbeck, que me ha dejado absolutamente impresionado.

Voy a cambiar la música que ya acabó el disco de Nina Simone y, de paso, a rellenar el vasito.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Jueves 23

Escribo con el viejo ordenador portátil que aún va conmigo de un lado a otro. El bueno tiene la pantalla rota, así que no puedo manejarlo. En él se ven como unas sombras pero nada más. Así que luego pasaré los archivos a un disquet y de ahí al blog (finalmente recopio el texto, el nuevo ordenador no admite disquets... )

Hoy estuve llorando en casa. ¡Vaya diario! No quería llorar, me pareció medio patético llorar solo. En realidad le lloraba al Señor.

Voy a cambiar la música. La cosa tiene su mérito porque he puesto a David Oistraich y el concierto para violín de Bhrams en el ordenador sin pantalla. Afortunadamente el reproductor no tiene activado el orden aleatorio quitarlo (sin ver, a oscuras) habría sido demasiado.

Estaba cansado. Todo lo que esperaba para hoy NO ha ocurrido.

Unos amigos en casa el otro día me dejaron la pantalla del ordenador así rota. Y ayer miércoles conseguí una pantalla que me dieron en el Cervantes, una de esas antiguas que traje a peso durante un par de horas de caminata. Y no funcionaba. Llegué a casa y no encendía. Era algo cómico, aunque yo estaba tan cansado que apenas me sostenía de pie. No he comido ni dormido mucho últimamente. ¡Cansado!

Para hoy había dormido solo unas horas, luego me he duchado, me he lavado el pelo tras una semana y me he quitado la barba tras dos. He tomado un café. Y esperaba. Ya no recuerdo muy bien, pero creo que al rato me he puesto a escribir para hacer algo. Han pasado un par de horas y se cumplía aquello que mi razón quería y mi pasión temía: no llamaba. Yo seguía trabajando, así estaba entretenido. Entonces el ordenador, éste mismo, me ha preguntado si quería guardar. Le dije que no para no perder el tiempo y se ha borrado todo lo que había hecho.

He comenzado a leer un libro que me recomendó ayer Charles; me lo había prestado hacía tiempo pero, como no me acordara de quién era el que me lo había dado, nunca me había atrevido a leerlo. Pero Charles pensaba que me gustaría y tenía razón. "Le K", del italiano Dino Buzzati.

La pantalla del ordenador dejó de funcionar en medio de un pequeño traslado; dejé el martes trabajando en casa a Ania y a Carol. Ella es polaca y con ambiciones de decoradora. Carol está enamorado de ella y se vino a comer. Ania está experimentando con mi casa, que luego yo quiero enseñar a mis padres y a los amigos para ver si se animan a encargarle proyectos a Ania.

Cambiaron de sitio el ordenador, descolocaron los cables y... dejó de funcionar la pantalla. Pero la casa está quedando preciosa, es un gran cambio. Creo que Carol -filósofo en todas sus acepciones- es un poco gafe para estas cosas.

Con Carol estuve hoy. Me había llamado esta mañana cuando yo estaba limándome los nervios en una cafetería de la Gare du Nord. Lo despaché rápido y luego en casa lo llamé. Notó que yo no andaba muy alegre y me propuso un pase por Ópera, de donde vengo ahora.

Después de llamarle tenía que cocinar algo pero no me sentía muy animado a nada y me puse a llorarle al Señor. Porque me cuesta fiarme de su plan; de hecho, cuando todas las vistas son negras, el Señor parece un invento de locos. ¿Pero ésto qué es? Uno parece al cabo de un camino en el que todo son fracasos. Todas las posibilidades que uno contempla -y parece imposible que haya nada más- parecen o negras o inciertas o estresantes. Por fortuna uno no ve todo en esta vida, pero cuesta dejar al propio destino tan alegremente en manos de otro.

El otro día en la excursión estaba perdidísimo. Era noche cerrada y no se veía nada. Le había pedido a mi Ángel Custodio que me echara un cable y, al final, viéndome tan perdido, me encaré contra él: ¿pero vas a hacer tu trabajo?. Menos mal que me tienes paciencia. A la mañana siguiente, a poco de ponerme a andar, descubrí que estaba justo donde quería estar, en el Monte de San Patricio. Y ya te dije que nunca más te pongo en duda.

En mis llantos tenía ganas de esas palmaditas en la espalda: ¡ale, chaval!. He escrito una carta a la Virgen, creo que fue esta mañana también, que voy transcribir aquí:

A la Santísima Virgen,


Y nos parece que nunca estuviste cansada. No es verdad. Te cansaste, te hartaste; no desesperaste pero lloraste, lloraste a Dios, a San José, llorabas ante San Juan. ¿De quién aprendió Jesús a llorar?


En Belén no encontrabas sitio y tu corazón lloraba y esperaba en Dios; no con una sonrisa fácil sino con la violencia de la vida en la tierra, oscura.



Las lágrimas del sufrimiento, de tu corazón de madre preocupada, dieron las luces de tu amor, de tu sentido. Llorando desconsolado alcanza uno el sentido de la alegría.

Acabarías, tantas veces, exhausta. Tu corazón valiente se refugiaba en Dios; tu corazón humano vivía entre y para los hombres.


Madre.


Me da bastante vergüenza escribir esto, pero no puedo presumir de lo que no tengo: estoy perdido. No hay moraleja. Dentro de un rato vendrá alfonso.

martes, 21 de noviembre de 2006

El Drama

Intento no aferrarme al drama, dejarlo de lado. Y el tiempo me pesa. No miro el reloj pero tengo en la cabeza las horas, el tiempo... el tiempo se arrastra poco a poco, como un crescendo y una ola que fuera poco a poco aumentando de tamaño. El cuerpo se tensa, mueve, tiembla.


Focalizar energías. Estuve en el Cervantes esta mañana; debo dar la imagen de un café viviente. Me vuelco en la palabra, en el diálogo; creo que para descargarme en el trato social, en el reflejo de sus rostros y vivir un poco otras vidas distintas de la mía.
Y no pasará nada y sí pasará. Quisiera estar al margen de la incertidumbre. Le he dado a Otro los dados para jugar esta partida pero estoy todo el rato espiando para ver cómo es que los va a tirar. ¿Cómo, cómo, cómo?
El drama es un monstruo, una bestia que se agita en mí.
Basta.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Ambulacrum luco

Extremis hebdomadis luco Compiègni ambulavi. Prope ei circumsto volebam. Ex Compiègno in Cussam Mottam iter feci. Luco dormivi. Pluebat.


Matutinis horis Cussa Motta adveni. Domum suam vidi. Timorem habebam. Rediique. Non frigorem sed commotionem habebam.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Dado que hoy es viernes 17 de noviembre...

Creo que me he comido en el olvido algún que otro aniversario. El importante es el de mamá el 26. Pero, en realidad, en lo que pienso es que hoy es viernes, que ya han pasado cinco largos días y quedan otros cinco. Mañana me voy de excursión para intentar acortarlos. Dios, si esto es un regalo, sólo desempaquetarlo me está costando una angustia terrible.

lunes, 13 de noviembre de 2006

L'Arche

Cuando estaba de viaje por el mundo, muchas veces me era difícil saber qué estaba pasando; son tormentas vivenciales en las cuales uno no sabe dónde va a acabar.

Este fin de semana estuve en L'Arche de Cuise, en la localidad de Cuise la Motte, en la Forêt de Compiègne. Son unos bosques preciosos. Me dijo Aneïs que son muy conocidos, aunque peligrosos para una chica. Aún siguen vivos algunos recuerdos.

Es la tercera masa forestal del país. El Sábado di un paseo y, aunque sólo hubiera sido por eso, habría valido la pena el viaje. Pero eso no fue todo.



L'Arche son unas comunidades de jóvenes que cuidan de personas disminuidas: en cabeza y en cuerpo. Algunos no pueden andar, las figuras que dibujan con sus cuerpos y expresiones son grotescas y para la mayoría sólo comer es un trabajo. Aunque yo iba de visitante, quería ayudar en algo. Me dejaron ocuparme de la cocina: preparé una comida y limpié otras. Me costaba comer porque me daba repulsión las barbillas llenas de puré, los gritos y golpes en la mesa y las bocas abiertas.

Y, con todo, aún no he dicho nada. Hubo una fiesta de cumpleaños muy bonita. Al final de le repas Trice, algo así se llamaba una de las grandes responsables, canadiense, hacía hablar a los celebrados: ¿Qué quieres contar? ¿Qué ha pasado desde que llegaste aquí hasta ahora, hasta este momento, hasta la fiesta?

Luego cantábamos rezando al Señor con las manos unidas. Se hace mucho. En una comida, Michèle me agarró mi mano con su manita huesuda y deformada. Era muy suave.

Y, con todo, aún no he dicho nada. Yo he perdido la calma.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Quería decirlo

Aún no me he puesto a cocinar. Quería dejar constancia. ¡Me escribió! La semana pasada. Todavía no la he respondido, tengo una idea en la cabeza...
Karim

Fui... hay una luna enorme sobre París, esta noche. El cielo está despejado, las calles iluminadas. Me daban ganas de parar a la gente y decir "ey, ¿has visto esa luna?". Una tontería, porque la luna sólo la puede ver uno para sí, es difícil de compartir.



Tenía taller literario. Pero de allí me he ido pronto porque no sabía si había quedado o no con Noy en el metro Anvers, cerca del Sacre Coeur; no nos habíamos definido muy bien y yo no llevaba el móvil encima -intencionadamente.

Me quería tomar por allí un café y comprar albahaca. El otro día tomé un café con Laura y su amiga Anelise por allí. Cruzé miradas con una camarera. Allí todo es muy bohemio y hoy tenía ganas de vender mi imagen.

Ahora me da vergüenza escribir, sabiendo que me pueden leer.

Recién he llegado a casa y, no sé por qué, no he encendido ninguna luz. Me había dejado el aparato de música encendido y brillaban los numeritos rojos. Así que lo he puesto a funcionar. Dentro estaban las suites para piano de Bach interpretadas por Glenn Gould.

Entonces estoy en casa y todo a oscuras y solo y enciendo una vela verde que se supone que huele bien. Pero a mí no me parece que desprenda olor, a no ser que la apague y humee. Entonces sí.

Noy no estaba así que me he paseado, pero enfrente del bar he decidido ahorrarme el café y comprar sólo la albahaca para la pasta al pesto. En una tienducha he preguntado por la albahaca, había frutas y verduras expuestas fuera:

- Est-ce que vous avez de basilic?


Me han tenido un buen rato esperando para decirme que no. Y un tipo flaco y nervioso llegó allí preguntando para cambiar sus monedas en un billete. Se lo he dado yo. "Estoy en la calle", me ha dicho después. "¿Me puedes ayudar?".

Le dije que no.

Luego lo he visto de nuevo por la calle, le propuse una hamburguesa al Mc Donalds. Me dijo que sí. Se llamaba Karim, de madre francesa y padre argelino. Parecía un yonki pero tal vez se moviera así por el frío, no por el mono. Tampoco le pregunté. Me preguntó por qué estaba yo en París y hacía cuánto.

En el MacDo pagué con todas las monedas que antes el propio Karim me había dado. Me sentía obligado a decirle algo. ¿Por qué? Decirle algo importante, un "algo" que le alimentara como la hamburguesa.

Nos dimos la mano y me preguntó de nuevo mi prenom. "Tomás", le dije. Y seguí: "Karim tu peux faire tout que tu veux dans la vie."

- Merci, Thomas -me ha dicho
- Dieu soit avec toi -me despedí
- Merci -me dijo, con su rostro más cercano.

Los seis euros de su menú son, imagino, los del café y el basilic. Ahora cenaré pasta con alguna salsa más normal, el otro día compré. Hace mucho frío en la calle. Cuando venía para acá, con la bici y mi rodilla lesionada, pensaba en dos frases para un libro: tener pena de alguien y de él tener vergüenza son una pareja tan cercana como la de echar de menos a uno y, con involuntaria indiferencia, olvidarle. Pero tal vez sea demasiado complicada. Sí...

Dios me bendijo con Karim. Voy a cenar.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Holywins

Ayer fui al festival de Holywins. Es un concierto de cristianos de aquí de París. Era en el otro extremo de la ciudad, en el metro Laumière. Fui hasta allá en bici y llegué tarde, como siempre, porque había quedado con Carol y Aneis, del grupo de Saint Severin. Había mucho tráfico y hacía frío, mucho, así que me enfundé el gorro andino que me trajeron carola y maría. Y una bombilla en la cabeza para alumbrar un poco. Los frenos de la bici siguen sin funcionar muy bien.

Escribo porque me quedé impresionado. Los conciertos estaban bien, claro, pero dentro de la Iglesia de la Place de Bitche estaban todos los jóvenes cantando al sagrario, de rodillas en el suelo, cantando cosas lindísimas al Señor Sacramentado, alabando un Amor puro. Es algo que eriza la sensibilidad.

Afuera daban sopa de verduras y crepes gratuitos. Allí nos sentamos y estuvimos riéndonos un rato. Parece que somos pocos, parece que nuestra Empresa está quebrando hace años. Encima los empleados somos un desastre. Pero allí tuve la impresión contraria.

Había grupos de jóvenes, parejas de a dos chico-chica, que deambulaban por todo el barrio, con sus camisetas de souviens-toi de l'amour. No hablaron conmigo, tenían unas camisetas azules. Pero charlaban con cualquiera que vieran, estilo mormones, incluso con la policía que vigilaba el concierto, incluso con los rakais negros y musulmanes del barrio. La gente se reía mucho con ellos, me pareció, daban un ambiente muy sano y, por supuesto, parecían llevar el lirio de la inocencia. Así son los ojos del mundo, mis ojos también. Y ya no estoy tan seguro de esto. Tenían ellos una frescura joven, recién creada, infantil. Dios regala paz y felicidad a quien quiera recibirla.

Creo que también había algo de búsqueda de miradas. Al fin y al cabo la inmensa mayoría allí éramos menores de 35. Tal y como está el mundo, poder enamorarte de otra persona que comparta tu fe es una aspiración ... no sé, a mí me gustaría, si así me tocara. Pienso ahora en una bella argentina, supongo que para entretener mis sueños tejiendo un imposible.

Volvimos a casa en bici, los tres; al principio yo llevé a Anais detrás, luego Carol intentó lo mismo pero, dado que él es un tipo más bien menudo, al final fue ella quien cargó con él. Muy divertido.




Bueno. Hoy cena en casa Sonia. En teoría Sofi debía de llamarme para tomar algo hoy, pero no parece. Mejor porque Laura está hoy en París y un café será obligatorio. Mañana vienen Carol y Aneis a cenar.
Menú para hoy: pasta al pesto. Sonia es musulmana y no come carne de cerdo. En general no le gusta la carne.
Menú para mañana: No lo sé. Arguiñano ayudará.
Panci ya ha puesto en marcha el envío de la nota de prensa sobre Oscar Domínguez al Diario de Avisos. Tengo que ponerme al día con lo del trabajo.

sábado, 28 de octubre de 2006

Antes del desayuno

Panci me dijo ayer que había leído el blog. No debiera sorprenderme, y de alguna forma me halaga, pero es más fácil escribir pensando que nadie va a interesarse. El interés de los demás perturba, es lo malo de la televisión.

Voy a tomar un café, iré a correr un rato, trabajaré otro poco sur l'internet, veré a una Cristelle que hoy conoceré para intercambiar conversaciones en la puerta del restaurante Jules Vernes desous la tour eiffel, Veré a otra Cristelle más tarde porque me ha invitado a un cumpleaños.

Ayer estuve por la mañana entrevistando a Raquel, luego corriendo con Carola y Didier invitado a una feria aeronáutica; así que llegué dos horas tarde a la cita con Carol, un filósofo a quien conocí en St Severin el otro día. Y de allí hasta las 11 de la noche; entonces me volví caminando a casa para ahorrarme el maldito billete de metro.

Y en casa había dejado con las prisas el computer encendido. Panci estaba allí y chateamos un rato, un agradable descanso.

Pero tenía una reflexión en la cabeza sobre la castidad. No creo que ningún brillante pensamiento, no creo que ninguna filosofía o magnífica doctrina, logre eliminar un hecho: la sexualidad es un hacerse carne del amor entre los hombres, y el amor -sea lo que sea- tiene hambre de eternidad. Éso es el matrimonio, es la respuesta a los horizontes del amor. Lo demás se llama de mil formas diferentes pero, al final, se puede encontrar la desesperanza del águila que no puede escapar de la jaula, por muy grande que sea. Aunque ésta tenga mil kilómetros.

Y todas las jaulas se abren desde afuera. Si a mí no me llegan a abrir la puerta, nunca hubiera sabido lo que me perdía.





Escribo para la galería, seguro. Me acaba de escribir Sonia, ¡a ver si nos vemos! Y nunca llega ése momento. Tengo un hambre de muerte.


martes, 17 de octubre de 2006

Volví a París

He llegado a casa. ¡Qué bien me lo he pasado en Argentina! Todavía, para terminar de cerrar todo, falta que envíe algunos currículums. Pero creo que ahora saldré, tomaré la bici y daré una vuelta por París. A las 19 iré a St Severin, porque hoy sí espero conectar con el grupo de jóvenes.
En Argentina me vi metido en tres grandes capítulos: uno laboral, pues el trabajo de geólogo allí tiene muy buen aspecto. Otro amoroso, pues las chicas tucumanas me han impresionado. Un último vital, general, porque allí la vida me divertía más que acá en París.
¡Mujeres! Hay allí personas que parecen tesoros de escondidos, íntegras, llenas de bondad e inteligencia, mujeres que mantienen sus manos rebosantes de alegría y ternura.
La convivencia familiar ha sido aleccionadora. ¡Cómo echo de menos a mi madre! Mi buena madre. Y a Sabi, mi sobrina, a Panci y a Jose, a Ali.
La boda en Tucumán fue un éxito, me lo pasé en grande bailando allí. Ahora me he vuelto enamorado de Male. Pero es una chica tal que no estar enamorado de ella es casi un pérdida de tiempo. Imagino que era casi obligatorio enamorarse de alguna: pero Carola tenía novio -¡además de un nombre peligroso!- Mer era muy grande y Matilde muy pequeña. Sofi tiene una belleza casi mística, afilada. Y Male es todo bondad.
Esta es una foto con Marti y Panci, la parejita del año, me alegro que Panci esté contento.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

La pampa argentina

Ahora que estamos en Buenos Aires los seis séptimos de la familia, fuímonos con Martina -la novia de panci- y su papa a una hacienda. Había unos rodeos típicamente argentinos, carne típicamente argentina y típicos argentinos. Y luego nosotros, a veces con sueño, otras con hambre, con una cámara de fotos, con una pequeña sabina emocionada con los caballos, con parejas de enamorados, con la búsqueda de un baño y la observación de unos cadáveres a punto de ser cocinados... y luego nosotros, digo, allí posando en la foto.



Pero falta ali, que hizo esta y muchas otras bonitas fotos. A veces quisiera andar solo y retomar el sabor de aquel camino. Pero Dios está aquí escondido, atado en lo invisible. Y el mundo está esperando el sabor de su cocina. Yo sé que es excelente.

sábado, 2 de septiembre de 2006

Foto de la última reunión familiar

Fue antes de la vuelta al mundo; claro que falta gente de aquella comida. Ahora estoy ciertamente ilusionado con la reunión familiar en Argentina.

Sigo con Kant y Cusa. La verdad es que me lo paso bien tratando de entender a aquel par de elementos. ¿Cómo podríamos estar por aquí coleando, cómo podríamos percibir la existencia que poseemos y nos rodea, si no existiera antes un Ser Máximo que todo lo comprende, que no admite nada que no sea "ser"? Ay, Cusa, que mantecados mentales...

viernes, 1 de septiembre de 2006

Kant, Nicolás de Cusa, Ana Laca y las fotos

He llamado a Moncho pero no estaba y me he quedado charlando con Ana. Nos hemos contado nuestras respectivas, ha sido muy agradable. He llamado porque he hecho un parón en los estudios, en este desastre de preparación de exámenes, para replantear uno de los trabajos.

No puedo abarcar trescientos años de filosofía en un trabajito de última hora; casaré los extremos, Kant y Cusa, dos personalidades de lo más ...



Me ha mandado Ana unas fotos de cuando estuve en Canarias antes de partir a la vuelta al mundo. Parecemos sacados de la portada de un disco. Pero bueno, ese de atrás es Moncho, yo soy el rapado. Las fotos solamente dibujan.

Nicolás de Cusa estudió el concepto del ser necesario como Ser Máximo, donde no hay oposiciones y todos los extremos se tocan. Kant partirá de los juicios sintéticos a priori como fundamento del conocimiento científico. Y los extremos se tocan. Qué curiosa es la vida, todo se unifica en ella pero ella transcurre y vuelve y se va.

miércoles, 23 de agosto de 2006

¡Había creado una entrada! Tucumanas en París

Sí que tiene cosas el lenguaje informático... esta mañana la escribí pero tuve que irme corriendo de casa para optar a la plaza de ordenanza en el consulado. Prisas...
Hablaba de Carola y María, las dos tucumanas que han estado estos días en París. También decía que las había recogido en el metro Charles Michel, que yo venía de los alpes, que lo habíamos pasado lindo...
Palabras. Luego pensé que eran un regalo de Dios. Nos hicimos unas fotos y también cenamos con mis vecinitos carola y didier (últimamente el mundo se ha llenado de carolas)




¡Qué pintas!

sábado, 19 de agosto de 2006

Según el tiempo, ahora debería de llover

En mi navegador aparece el tiempo en París. "Chubascos moderados. 18 ºC". Pero estoy al lado de mi ventana y hace un sol estupendo. Voy a ponerme ahora a estudiar. Hace tres días Carole y yo nos separamos. Dios sabe más. Según el tiempo, ahora debería llover.

lunes, 31 de julio de 2006

¿Dónde se pone el título del comentario?

Hoy YA no hay marcha atrás: no, no es que las cañerías a veces sean lentas para tragar el agua sino que, seamos francos, se han atascado. Cerradas, tupidas, lerdas. Los niveles de agua en ducha-lavabo-fregadero no paran de subir. El desbordamiento de un agua pestilente parece una realidad cada vez más cercana.
Comeré con Carole en Les Sablons, iré en bici para ahorrar y a la vuelta compraré un desatascador, si la vida me lo permite.
Todos los futuros están marcados por mi vida. ¡También la muerte! Como este es un blog cristiano ultra-extremista, etc, aclararé "Gracias a Dios" (Me encanta el extremo de tu amistad, Jesús)

viernes, 28 de abril de 2006

Un accidente de moto

Parece que siempre estoy volviendo. Pero hoy, otra vez, volvía: había ido a Misa a la iglesia de San Cristóbal. A una manzana un coche giraba hacia una bocacalle y atropellaba a una pequeña moto que corría, no podía ser menos, con un negrito-mensajero. No hacer este tipo de distinciones en un país que las tiene tan presentes me parecería dejar de decir algo importante.
Yo he corrido para allá, junto a otros. Lo malo es que he llegado el primero. El hombre se quejaba a modo, no era para menos: se había tragado uno de esos pitotes metálicos con los que se impide que los coches lleguen a la acera. Yo no entendía nada, pero a la siguiente que llegó le he hecho ver que mejor que llamara ella o, como yo le dijera al 112 dónde estábamos, aquel desgraciado iba a morir de pura impaciencia.
Luego había mucha gente alrededor de él. Yo estaba atontado, sin saber qué hacer aparte de tocarle y hacerle sentir acompañado en su desgracia. Un joven me ha dicho algo para que se le comunicara al herido, pero le he hecho ver que mejor se lo decía él porque je ne parle pas le francais. Y le ha dicho que se colocara así y asá mientras esperaba los efectivos médicos. También había por allí un pequeño perro, de esos pequeños, de esos como un felpudo, que ha comenzado a ladrar. El dueño le ha hecho callar y han seguido los dos allí, junto a toda la multitud que comenzaba a acumularse. Así que me he ido, no sintiendo que mis intenciones sirvieran para nada.
Ahora temo que, en el traste de tirar la mochila, volaran por los aires mis apuntes de filosofía. política

miércoles, 26 de abril de 2006

El borracho del metro de Paris

Ayer cogí el metro, como siempre. Volvía de casa de Gino y ya era tarde. Había llovido y las calles estaban limpias y mojadas.
En el vagón había un tipo dando voces, algo bastante frecuente en París. Era un negro inmenso con la barba blanca y buenamente borracho.
La que más tuvo que aguantar fue una chica, de aspecto asiático, que se tragó todo el aliento con el que el otro le soplaba en los morros. Aquí es normal encontrarse con mucha gente así (me refiero al mendigo, aunque también hay muchos asiáticos, claro)
Había también en el vagón una viejecita de aspecto nervioso e indignado. El negro nos dedicó a todos miradas y voces con mayor o menor intensidad, pero le dio por seguir molestando a la chica asiática. Esta se vino al otro lado del vagón, donde yo y la viejecita estábamos. La viejecita se puso en medio del pasillo como para frenar al otro. Y la chinita se colocó en la puerta porque salía. El mendigo la siguió y le puso la mano encima. Aquello ya eran más que palabras e intervenimos, pero yo llegué primero.
Le pedí que se calmara y que se quedara conmigo. Así que salimos todos; los tres destacados éramos la asiática, casi corriendo como quien ha visto el diablo, y yo y el negro, mi brazo sobre sus hombros como si fuéramos amigos de toda la vida.
Es curioso que en todo el relato hago por referirme a él como el negro, y no el mendigo o el borracho. Pero es que era muy negro.